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Costumbres del Antiguo Egipto

Las costumbres del Antiguo Egipto, la rutina diaria de los habitantes, las ciudades, los oficios, la economía, todo se derivaba de la agricultura, sus necesidades y sus beneficios.
Heródoto afirmaba: "Egipto es un don del Nilo", y este impregnó todos los aspectos de la vida, incluida la mitología.



En la organización del estado, al ser el Faraón la encarnación del dios Horus en la tierra, desde los tiempos predinásticos se le reconoce un poder absoluto sobre el resto de los mortales, que daban por supuesto que era el dueño de todo Egipto; sus tierras, sus cosechas, las armas e incluso la gente le pertenecía y cuanto ocurría en el país se le atribuía, ya se tratara de buenas cosechas o de una inundación a destiempo del Nilo. Él en persona nombraba visires, sacerdotes, generales y demás altos cargos.

La unificación del Alto y Bajo Egipto en época de Narmer marcó el inicio de la cultura egipcia, pero nunca se olvidó la primitiva división. Durante mucho tiempo hubo dos administraciones y cuando se fusionaron mantuvieron una serie de símbolos que lo recordaban, sobre todo en el ritual regio. El más conocido, la doble corona.

Como dueño absoluto de la tierra, el faraón tenía derecho a recibir sus frutos, aunque algunas veces cedía tierras a los templos (que llegaron a controlar inmensas propiedades) o a particulares, bien como pago de un cargo, en cuyo caso volvía a la propiedad real al cesar el funcionario (caso de los gobernadores locales), o como premio condicionado, por ejemplo a veteranos siempre que un hijo sirviera en el ejército. En los tiempos de debilidad real nadie recordaba lo pactado y las tierras se volvieron hereditarias. Pero en cualquier caso, faraón, sacerdotes o nobles subarrendaban a campesinos con experiencia. La recaudación de impuestos movilizaba gran cantidad de funcionarios, y para controlarlo todo se hacían frecuentes censos, pagando cada uno con parte de su trabajo, grano, animales o productos artesanos.

Una consecuencia directa de la divinidad del rey fue el gran poder de los sacerdotes por él nombrados personalmente para representarle en el culto.



En religión; Los dioses tenían una apariencia antropomorfa, aunque unida a otros elementos tomados de los animales, que querían representar los poderes del dios. Siguiendo las relaciones familiares, tan importantes para los egipcios, eran agrupados en tríadas familiares. De esta manera eran más fáciles de recordar e identificar.

Cada uno de los dioses estaba a disposición del mundo terrenal en lo más profundo de los templos, encarnado en una estatua que el faraón, o en su defecto el sacerdote, debía atender cada día.

Amenhotep IV proclamó la abolición de los dioses a favor de uno solo, Atón (una de las múltiples advocaciones de Ra), pero no tuvo éxito: el faraón se autoproclamó como el único intermediario entre Atón y la humanidad, anulando prácticamente al sacerdocio, y las reacciones no se hicieron esperar, y su monoteísmo no duró. Después de su muerte, su hijo (el futuro Tutankamon, que murió muy joven y del que se hallaron sus restos en perfecto estado) fue educado y utilizado por la casta sacerdotal para restablecer el culto de todo el panteón.

Alcanzar la proximidad del dios y llegar a ser uno de ellos era el máximo anhelo del egipcio para su vida tras la muerte. Esta unión se realizaba siempre que el difunto hubiera pasado con éxito el Juicio de los Muertos y si tenía un cuerpo incorrupto que pudiese alojar su alma. De hecho, uno de los peores castigos era arrojar los cadáveres al agua o al fuego, como ocurrió con los cómplices del golpe de Estado intentado por el Príncipe Pentaur.

La momificación: Para los antiguos egipcios en la Duat se reunían el cuerpo, jat, y el espíritu que comprendía tres principios:

Aj, lo inmortal, que representa la esencia divina, y que abandona el cuerpo tras la muerte para unirse a los dioses. Ka, la energía vital continúa viviendo una existencia ficticia en el sarcófago, necesitando víveres, o se introducía mediante conjuros mágicos en una estatua que representaba al difunto. Disponía de los ‘’Ushebti’’, o estatuillas de servidores que debían ayudar en los trabajos que los dioses ordenaran al difunto. En otra definición el Ka es concebido como la parte individual, diferenciadora del espíritu de cada ser humano, o como ego humano vital, simbolizada como la mano levantada hacia lo alto, soltando la luz interior de esa vitalidad pues ya no la necesita en el 'Más Allá'.1 Ba, lo espiritual. Abandona el cuerpo por el día, aunque debe regresar a él al anochecer para no ser devorado por espíritus malignos. También podría ser destruido debido a los pecados del difunto. Mientras el Ba para salvarse sigue los pasos marcados por el Libro de los Muertos reproducidos en la tumba, el cuerpo era salvado mediante el proceso de momificación. Según otras versiones del papiro del Libro de los Muertos, el Ba está representada por un ave, y simboliza la Mente Penetrante en vínculo con la Divinidad y que a veces se confunde con el Aj.

El desierto, donde se enterraban los cadáveres, posiblemente jugó un importante papel en esta creencia en la inmortalidad:

’’En tiempos predinásticos, los egipcios enterraban a sus muertos desnudos y en posición fetal, en fosas superficiales excavadas en la arena del desierto. La arena seca y caliente desecaba lentamente el cuerpo, a la vez que evitaba su descomposición. Posiblemente alguno de estos cadáveres afloró a la superficie, lo que indujo a pensar que el cadáver se movía, podía vivir y que había vida tras la muerte.’’ –Esteban Llagostera–


En la familia; Aunque la sociedad era muy tolerante, la familia compuesta por una pareja con sus hijos se consideraba el modelo ideal.


  • La mujer: mantenía su nombre, una cierta independencia e incluso su trabajo: había comadronas, tejedoras, intendentes, o bien colaboraban con el negocio de su marido. Adquirían rango al casarse: nbt pr significa administradora del patrimonio, y en la casa eran las que organizaban todo. Solían prestar mucha atención a su aspecto, mimando especialmente el peinado y maquillaje. En las pinturas que nos han llegado, mientras la piel de los varones se representa morena, la de las mujeres de clase alta es de tono más pálido. Ello servía para indicar su alto status y para indicar tanto que permanecían resguardadas del sol en la casa, como que podían pagarse los cosméticos. Otras versiones (discutibles) indican que era un símbolo de pureza, belleza y de inactividad con respecto a los hombres, a los que se les representaba siempre con un tono más oscuro de piel.

  • Matrimonio: comenzaba por lo general cuando la pareja se iba a vivir junta, ellas entre 12 y 14 años, ellos sobre los 16, sin ningún tipo de sanción oficial, salvo la firma de un contrato privado en el que se detallaban los bienes de cada uno: la boda se celebraba en familia porque era un asunto privado. La monogamia o la poligamia eran una cuestión práctica, sin trascendencia jurídica o moral: al tener la esposa e hijos derecho aparte del patrimonio del marido, esta cuestión influía en la decisión de tener o no una segunda esposa, o que ésta fuese una esclava.

  • Divorcio: era también cuestión privada, podía ser solicitado por cualquiera de los cónyuges, por motivos tan amplios como el adulterio, la esterilidad e incluso la fealdad de la esposa. Si previamente se habían delimitado los bienes de los dos cónyuges en el contrato privado realizado por un escriba, ella podía recuperar los suyos, y si no poseía nada, siempre podía volver con sus padres.

  • Sexo: había una gran libertad, como se refleja en numerosos escritos y en la moda: las mujeres (a excepción de las reales, que se tapaban para no tomar el sol), al igual que los hombres iban con el torso desnudo en la primera época aunque había empleos en que iban desnudos: carniceros, marineros, sirvientas, etc. Las relaciones no estaban controladas, el incesto era habitual en la familia real y ni siquiera el adulterio de la mujer estaba penado, en el peor de los casos le costaba un divorcio, aunque en algunos papiros se relatan casos de pedradas ante el adulterio de la mujer. El único tabú era el considerar la menstruación impura, al extremo de dispensar a ciertos trabajadores de acudir a su puesto durante los días en que la tenía su esposa.

  • Hijos: eran deseados, aunque debido a la alta tasa de mortalidad de las mujeres en el parto, se usaban anticonceptivos para evitar embarazos seguidos. Los niños eran mimados y educados sin distinción de sexo y muchos aprendían a leer y escribir. Los hijos de familias nobles asistían a la escuela de la Casa Jeneret, la casa de la reina.




En la enseñanza;

Casa de Vida (en egipcio: Per Anj) era el nombre dado a la institución existente en el Antiguo Egipto dedicada a la enseñanza en su nivel más avanzado, funcionando igualmente como biblioteca, archivo y taller de copia de manuscritos. Las Casas de Vida eran accesibles sólo a los escribas y a los sacerdotes. No se conocen muchos pormenores sobre esta institución, pero se sabe que surgió en la época del Imperio Antiguo. Tendía a ser sede del palacio real, pero funcionaba en una parte del templo o en un edificio situado dentro del área a éste dedicada. Probablemente cada ciudad de dimensión media tendría su Casa de Vida, conociéndose la presencia de estas instituciones en localidades como Amarna, Edfu, Menfis, Bubastis y Abidos.

En Amarna la Casa de Vida estaba formada por dos salas principales y sus anexos, uno de ellos era la casa del director de la institución. Entre las enseñanzas impartidas se encontraban las de medicina, astronomía, matemática, doctrina religiosa y lenguas extranjeras. El conocimiento de estas últimas se hizo importante durante el Imperio Nuevo debido al cosmopolitismo de la era, marcada por el dominio de Egipto sobre una vasta área que iba de Nubia hasta al río Éufrates.

Los escribas que trabajaban en las Casas de Vida tomaban títulos como "Servidores de Ra" o "Seguidores de Ra". Ra era el dios solar egipcio, aquel que daba la vida; así, el título estaba asociado a la idea de que los escribas serían ellos mismos transmisores de vida. Las Casas de Vida se encontraban también asociadas a Osiris, dios del renacimiento. Se creía que el acto de copiar textos ayudaría al dios a renacer todos los años en su festival.

En estas casa de vida también funcionaban unos establecimientos que podrían ser considerados una especie de sanatorio.





La Casa Jeneret era una dependencia de la casa de la reina, donde se educaban las damas de la corte en muchos aspectos, pero sobre todo se instruían en música y danza, aprendiendo a tañer el arpa, el laúd, o la flauta. Sus danzas rituales y melodías apaciguaban a las divinidades y el ambiente de armonía regocijaba a todo el mundo.

Una importante actividad que se realizaban en las escuelas de la Casa Jeneret era la confección de vestidos, y elaboración de útiles de belleza y aseo, pues disponían de talleres de alfarería, tejidos, y carpintería.

La jerarquía dependía de la Gran Esposa Real, y tenía a su cargo a los funcionarios que trabajaban para los talleres, los administradores y los sirvientes. La directora llevaba el título de Sehpset "la venerable", de las demás mujeres, las pertenecientes a la nobleza tenían el de Ornato Real.

En la agricultura; Es evidente que la civilización egipcia no podría haberse desarrollado sin el Nilo: al desbordarse fertilizando periódicamente sus riberas con limo, permitía abundantes cosechas.

Numerosas pinturas en templos y tumbas nos han dejado constancia tanto de los esfuerzos dedicados a la agricultura, columna vertebral de la economía, (Los faraones se preocuparon de realizar costosas obras de canalización para domesticar al Nilo) como del trabajo del campesino.

Las primeras canalizaciones datan del 3500 a. C., y en 1830 a. C. se establece el primer plan de regadíos en el Bajo Egipto que garantizará en el futuro reservas de agua para permitir los cultivos en la estación seca.

La tierra fue al principio propiedad real, pero sucesivas donaciones reales derivaron en un régimen latifundista en el que se arrendaban las parcelas a distintas familias. Normalmente, los contratos eran anuales y se renovaban si no había incumplimiento, de forma que eran heredables por los hijos. La estabilidad económica hizo que no variaran las condiciones en 3000 años: fuera buena o mala la cosecha, al arrendador o al recaudador de faraón habían de entregarse 7 u 8 khar (86 litros de grano) por cada arura (0'25 ha).

Se cultivaba principalmente trigo, cebada, lino, higos, cebolla, lechuga, y recibió especial cuidado la vid, mimando el vino, del que se indicaba en el ánfora procedencia, año de cosecha, y nombre del viticultor, y era muy apreciado. Con la cebada se preparaba la cerveza, barata y abundante.

Los árboles eran escasos, por lo que estaba totalmente prohibido cortarlos sin permiso real. Generalmente los frutales estaban en los jardines privados de las familias ricas.



La medicina surgió como en otras partes del mundo, con la observación del efecto que algunas plantas tienen sobre el ser humano: sanan, curan o matan. Dada la tendencia del egipcio a estudiar todos los fenómenos naturales, pronto surgió un cuerpo médico que alcanzó un gran prestigio, incluso en el extranjero. Heródoto relata:

La medicina está dividida de esta manera: cada médico cuida una enfermedad y no más. Todo está lleno de médicos, pues unos lo son de los ojos, otros de la cabeza, otros de los dientes o de la región abdominal; y otros de enfermedades inciertas (medicina interna). Tierra fecunda que produce gran cantidad de drogas: unas son remedio, otras, veneno. País de médicos, los más sabios del mundo.

Había especialistas en medicina del trabajo, por la urgencia de poner de nuevo al obrero a trabajar, obrero al que se atendía de forma gratuita. Otras especialidades relevantes eran la Ginecología, debido a lo importante que eran los hijos, y la Cirugía. La medicina se enseñaba en la Casa de la Vida adscrita a los diferentes templos.



Sobre el ejercito se puede decir que; Egipto era un enclave protegido por la naturaleza: ésta le proporcionaba un río que le daba vida, y más allá el desierto que hacía imposible una invasión, al menos hasta el Imperio Medio cuando las fronteras se revelaron poco seguras y los faraones decidieron actuar en el exterior, luchando por Siria y Canaán, enfrentándose así a otros imperios. Se hizo entonces imprescindible un ejército organizado.


En el Imperio Antiguo, el ejército se denominaba mesha, cuya traducción viene a ser “agrupación de fuerzas”: y efectivamente, eso era, unos grupos que se reunían en caso de necesidad para apoyar a pequeñas unidades permanentes. Este ejército tenía entre sus funciones la protección de fronteras y del comercio marítimo, pero también la realización de todo tipo de trabajos públicos.

Durante el Primer Periodo Intermedio y a consecuencia de la inestabilidad, los distintos gobernadores crearon ejércitos privados, y comenzó una práctica que se hizo habitual: el empleo de fuerzas mercenarias extranjeras. Ya en el Imperio Nuevo, tras la derrota de los hicsos, la dinastía XVIII comienza una serie de campañas militares y conquistas para las cuales el ejército necesitó una elaborada organización. Los hicsos habían introducido el caballo y el carro de guerra, cuyo uso quedó restringido al faraón y los nobles, y estos cuerpos de élite quedaban encuadrados en Divisiones de infantería, que constituían la principal masa de combatientes. Cada una iba mandada por un general y recibía el nombre de un dios; estaban divididas en batallones y estos en compañías formadas por unos 200 hombres, repartidos en secciones de 50.

En cuanto al armamento, pinturas y relieves nos han dejado testimonio del uso del arco, aljaba para las flechas y cimitarra, así como lanza, y una maza sustituida posteriormente por un hacha. También llevaban puñal al cinto y un escudo de cuero.

Los mandos estaban formados por miembros de familias de cierta categoría, los únicos que podían acceder a la escuela de oficiales y que conseguían prestigio y fama en la batalla, logrando sus ascensos. La tropa tenía la esperanza de conseguir un terreno de 3’25 Ha, sin distinción entre nativos y mercenarios, parcela que podían heredar sus descendientes siempre que entre ellos hubiese un varón apto para enrolarse.





Los ciudadanos solían correr alrededor de su templo principal y, a excepción de los centros administrativos o de barriadas con un objetivo preciso (como el barrio obrero de Amarna), no se hacía una planificación previa. En Deir el-Medina las primeras casas carecían de cimientos, mientras que las ampliaciones los tenían en piedra, formando muros que acababan con filas de ladrillos y en Amarna, la ciudad real, los edificios son de piedra con una base subterránea de yeso y grava. No había barrios ricos y pobres, las casas se mezclaban y eran de disposición y tamaño semejante, salvo para los personajes de clase alta. En general, los miembros de una misma familia vivían en un mismo barrio.

Deir el-Medina estaba poblada por los constructores de las tumbas reales. Fue fundada por Amenhotep I alrededor de 1560 a. C. y abandonada repentinamente durante el reinado de Ramsés XI hacia el 1085 a. C., lo que ha facilitado su estudio a fondo. En tiempos de Thutmose I, constaba de unas 40 viviendas familiares, rodeadas de una muralla. Sucesivas ampliaciones la llevaron a tener 70 casas intramuros y unas 50 en el exterior en la época de su apogeo durante el reinado de Ramsés II, al trasladar la capital desde Tebas al delta y abandonar la necrópolis tebana.

Desde la puerta de la muralla partía una calle que atravesaba todo el poblado, y que con otras cuatro distribuía las viviendas. Gracias al basurero cercano, donde se ha recogido gran cantidad de ostraca, los trozos de cerámica que se usaban para escribir ya que el papiro era difícil de obtener, se han podido conocer los diferentes aspectos de la sociedad. Incomprensiblemente, las basuras se eliminaban arrojándolas tras la muralla y cuando el montón era excesivamente alto se quemaban.





 

 
 
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